¿Qué mundo queremos? 2º Capítulo
Sobre la economía, el coronavirus, y el futuro que nos espera. Reflexiones en tiempos de confinamiento
Capítulo 2. ¿Y SI LA MEJOR MANERA DE DOBLEGAR AL VIRUS ES TRANSFORMANDO LA SOCIEDAD EN UN ORGANISMO SANO?
“Si encontráramos el modo de que cada persona hiciera la cantidad correcta de ejercicio y recibiera el alimento necesario, ni en exceso ni en defecto, habríamos hallado el camino más seguro hacia la salud.” Hipócrates
Este virus ha puesto patas arriba nuestra normalidad cotidiana. Nos encontramos inmersas en plena catástrofe y ha sido necesario poner en práctica medidas de choque muy restrictivas y agresivas. La inmensa mayoría de las personas, entre las que me incluyo, las acata con la mayor voluntad y disciplina que le es posible, en aras de salir cuanto antes de esta terrible situación. Resulta no obstante inevitable plantearse las consecuencias que todo esto tendrá en nuestro futuro inmediato: recesión económica, cambios en nuestra forma de vivir, trabajar, relacionarnos… que puedan haber venido para quedarse.
Las consignas están claras, son las mismas para las personas consideradas de forma individual que para el conjunto de la sociedad: no salir de casa, lavarse las manos, guardar distancia social, aislarse en caso de presentar síntomas. Nos encontramos en el epicentro del problema y el enfermo, que es la sociedad entera, está recibiendo un tratamiento de choque muy agresivo, pero quizá pertinente; hay que salvarle la vida, evitar que empeore.
Se trata de una lógica médica frecuente cuando ya nos encontramos con la necesidad de acudir a un especialista. Se nos están dando recomendaciones que son habituales para reducir contagio en el caso de muchos otros patógenos que pueden generarnos enfermedades. No obstante, pocas veces aparecen, por lo menos en el discurso oficial, otra clase de recomendaciones igualmente avaladas por la ciencia y la medicina, que son claves para que las personas no se enfermen ahora ni nunca. Son las que tienen que ver con mantener un buen estado de salud general que nos prevenga de llegar a situaciones que requieran tratamientos agresivos. Estas otras recomendaciones se basan en reforzar nuestro sistema inmunitario. Tener una dieta saludable, respirar aire limpio, mantener las viviendas bien ventiladas y sin humedades, hacer ejercicio físico, tomar un poco de sol en horas determinadas para favorecer la absorción de vitamina D, mantener relaciones sociales sanas, reducir el estrés o cuidar el bienestar emocional, son componentes de la receta para prevenir cualquier tipo de problema de salud. Por otra parte, son las personas que tienen un estilo de vida de estas características las que presentan mayores probabilidades de evolucionar favorablemente en caso de enfermarse.
Lavarse las manos con agua y jabón es probablemente la práctica más simple y barata que ha contribuido a salvar más vidas en la historia de la medicina. Revolucionó la práctica médica en el s.XIX. Mucho antes, el propio Hipócrates (460 a.c.- 370 a.c) señalaba el hecho de lavarse como una de las claves de la buena salud, de la misma manera que ponía el acento en la alimentación y en el ejercicio físico. “Caminar es la mejor medicina para el hombre”, decía.Avances científicos tales como el descubrimiento de la penicilina generaron la posibilidad de curar enfermedades producidas por bacterias a principios de siglo, revolucionando nuestra esperanza de vida. No obstante, el mal uso y abuso reciente de los antibióticos está generando nuevos problemas que constituyen otro de los riesgos futuros a los que pueda tener que enfrentarse la humanidad. En la actualidad muchos científicos ponen el acento en la importancia de que la biota de nuestros organismo se encuentre en equilibrio para evitar enfermarnos, para lo que, en algunos casos, el uso de antibióticos y el exceso de higiene pueden resultar contraproducentes. Por otra parte, cambios estructurales en las ciudades de los países industrializados que requirieron una gran inversión pública frente a la lógica privada, como la mejora en la red de saneamiento, supusieron que el conjunto de la población estuviera menos expuesta a posibles fuentes de infección derivadas de vertidos fecales. Lo mismo ocurrió con posibilidad de tener acceso al agua potable en los países ricos, que resultó fundamental para la mejora de la salud individual y colectiva. De la misma manera, la importante inversión realizada enlos sistemas sanitarios públicos propios de los estados del bienestar keynesiano, mejoró los indicadores de salud de los países desarrollados. Igualmente, son los países donde existen dietas más variadas, con mayor presencia de fruta y verduras, las que presentan mejores indicadores de salud de su población. Mucho estudios señalan que la educación, la capacidad de autocuidado, el mantenimiento de relaciones familiares y comunitarias frente a la soledad y, sobre todo, no estar afectado por la pobreza, también ayudan a alargar la vida y mantener mejor estado de salud con la edad.
Lo que pretendo subrayar con todo esto es que hay dos formas de abordar un problema de salud. Una es poniendo en marcha ciertos protocolos y tomando determinados medicamentos, que suelen ser costosos para el paciente o para el sistema sanitario, muchas veces con efectos secundarios que pueden generar ulteriores dolencias en otros partes de nuestro cuerpo. La otra tienen que ver con modificar nuestro estilo de vida, generando de forma paulatina cambios positivos que redundan en mejorar todos los aspectos de nuestra salud y que, además de eso, nos permiten vivir una vida más larga y feliz. Si mañana nos detectaran un problema de hipertensión arterial, tal como funciona nuestro sistema sanitario probablemente nos receten alguna medicina de por vida y nos den vagamente otras recomendaciones (evitar la sal en las comidas, dejar de fumar…). Pero son las personas que cambian decididamente su forma de vivir (cambian su forma de comer transitando hacia una dieta menos cárnica y más basada en el consumo de fruta y verdura, realizan ejercicio de forma regular, llevan una vida menos estresante…) las que pueden permitirse en general llegar a viejos prescindiendo de las medicinas y tirando poco del sistema sanitario.
De la misma manera puede haber dos formas de solucionar “enfermedades” de orden social, sobre todo cuando lo que buscamos es prevenirlas a largo plazo. Una es con un tratamiento agresivo -aislamiento, control y disciplina, hiper-vigilancia…- que corremos el riesgo de que se vuelva crónico. La otra forma es generando un cuerpo social más saludable, poniendo en práctica aquellos cambios que permitan que seamos una estructura social más sana y menos desequilibrada.
La metáfora organicista ha sido frecuente en la sociología. No suelen ser de mi gusto porque resaltan la dimensión armónica de nuestras sociedades, frente al inherente conflicto entre actores –entre clases y agentes sociales- que subrayan otras perspectivas. Concibieron la sociedad como una suerte de organismo vivo compuesta de diferentes órganos en equilibrioDurkheim, Spencer y más recientemente Parsons y los funcionalistas. Pero quizá pueda ser un recurso útil para ilustrar otras posibles maneras de abordar a largo plazo el problema de “seguridad sanitaria” al que nos enfrentamos.
Estas semanas algunas voces críticas dentro de los movimientos sociales y el periodismo han puesto sobre la mesa el abuso y la sobreactuación con que desde el Gobierno se ha valido asimilar la actual situación a la de una guerra en la que debemos combatir y armarnos contra un virus como supuesto enemigo. Esta se ha convertido en la escenificación habitual de las comparecencias oficiales. Es por eso que les invito a cambiar la metáfora belicista por otra, la de la regeneración del cuerpo social para convertirlo en un organismo sano, mucho más resistente a sucumbir a cualquier contagio, en forma de virus pero también de odio y de miedo. Les invito a imaginar, desde ahí, los cambios necesarios para generar un sistema social más saludable que nos permita ser más resilientes tanto ante situaciones como la que estamos viviendo como ante otras derivadas de la emergencia climática, las catástrofes naturales, etcétera. Les animo a construir un escenario en positivo, una utopía cercana y posible, frente a los incontables discursos distópicos que nos inundan estos días con futuros hiperindividualizados, confinados y controlados.
Hay quien en las redes sociales parangonaba la actual situación de sálvese quien pueda con la relatada en la magnífica novela de Saramago “Ensayo sobre la ceguera”. Propongo valernos de la idea que sirve de trama a la obra que le sigue, “Ensayo sobre la lucidez”. Supongamos que dentro de un mes buena parte de los habitantes del Estado incluídos los miembros del Gobierno nos levantamos por la mañana con criterio lúcido. Tras el golpe de realidad que ha supuesto el paso de esta terrible enfermedad nos empezamos a hacer las preguntas importantes, aquellas que tienen que ver con nuestras verdaderas necesidades como seres humanos, esto es, qué tipo de sociedad queremos ser y cuáles son los cambios de “estilo de vida social” que tenemos que poner en marcha para generar condiciones de vida que merezcan la pena y nos prevengan de esta y muchas otras enfermedades. Imaginemos que tenemos una nueva comparecencia oficial. Esta vez los miembros del Gobierno están acompañados por su recién estrenado gabinete de expertos ante la crisis sanitaria. Ya no hay mandos militares sino personal sanitario (algunos médicos/as, especialistas y de familia, enfermeros/as…). También una arquitecta, un nutricionista, una entrenadora física y un psicólogo. Además, y en primera fila una cajera de supermercado, un niño de 9 años de un bloque de viviendas, una estudiante de secundaria, un maestro, una cuidadora, un autista, un anciano que vive solo, un agricultor ecológico, una migrante jornalera, una quesera artesanal del mundo rural, una embarazada, un parado de larga duración, un joven repartidor… Abre la intervención una de sus integrantes e introduce:
“Después de superar la peor fase de la pandemia y reunido el nuevo Consejo Asesor, pasamos a enumerar las medidas que recoge el decreto que entrará en vigor mañana. Poco a poco iremos recuperando la actividad habitual, pero ya estamos trabajando para poner en marcha medidas estructurales que nos permitan prevenir catástrofes sanitarias en el futuro.Comenzaremos por la reconfiguración absoluta de las grandes ciudades, como luego les explicarán con más detalle la arquitecta y urbanista, el niño y el anciano. Las ciudades decrecerán y se harán más amables. Contarán con mayores espacios libres y verdes para pasear, hacer deporte y montar en bicicleta restando espacio al tráfico rodado, con el objetivo de evitar aglomeraciones, mejorar la salud física de la población y la calidad del aire, claves para evitar enfermedades respiratorias. Se realizará un estudio de las condiciones de habitabilidad de cada vivienda, para conocer cuánto espacio poseen y cuántas personas las habitan, si les da el sol, si están bien ventiladas y sin humedades. Se realizará un censo de personas ancianas que viven solas y se buscarán soluciones a aquellas familias en peores condiciones, contando para ello con el parque de viviendas vacías liberado de bancos y fondos buitre. Con la finalidad de resolver posibles problemas futuros de desabastecimiento alimentario, se llenarán las ciudades de huertos urbanos. Como les comentará más tarde la quesera, ya estamos elaborando medidas para reestructurar la economía recuperando los pueblos rurales vaciados y reequilibrar nuestra terciarizada economía mediante la reactivación del sector primario. Las casas y las fincas baldías de nuestro campo quedarán por decreto a disposición de quien quiera plantarlas y vivirlas, con especial prioridad para las familias con hijos. Se asegurarán todos los servicios necesarios a la población rural y se garantizará también la compra de la producción local a precios justos, anteponiéndola a los alimentos importados. Es necesario rejuvenecer el campo y descargar nuestras ciudades de tanta densidad poblacional, para vivir en poblaciones más seguras. Como luego comentarà el nutricionista, se prohibirán todos los alimentos ultraprocesados y repletos de azúcares de mala calidad que dañan a la larga nuestra salud. Directamente, no se considerarán alimentos, sustituyéndolos por la fruta y verdura procedente de la producción local a precios razonables. Se mejorará así la salud general de la población, se reducirá el gasto farmacéutico y se descargará al sistema sanitario de esas otras dolencias. Por supuesto como ya hemos adelantado, con lo ahorrado en gasto militar y cuerpos de seguridad, redoblaremos el número de médicos/as, enfermeros/as y camas hospitalarias e invertiremos en medicina preventiva. Nunca más los criterios de rentabilidad y maximización de las ganancias privadas será los elegidos para asegurar que las necesidades esenciales para la vida sean cubiertas. La preservación de los ecosistemas naturales será también otro de los ejes principales de este paquete de medidas, habida cuenta de la amenaza que supone alterarlos y destruirlos para la aparición de zoonosis y otros innumerables efectos perjudiciales. En cuanto a la educación, recuperaremos su modalidad presencial pero desde otros parámetros, apoyada por supuesto en las herramientas online. Como ya nos comentará la estudiante de secundaria, se reestructurará el sistema educativo para que responda a las verdaderas necesidades del alumnado en estos nuevos tiempos. Asignaturas como Música, Plástica, Filosofía y Educación Física serán fundamentales en el currículum, así como otras nuevas como Cocina y Alimentación Saludable, Danza y Movimiento y otras relacionadas con las actividades artesanales de tipo manual. Como nos explicarán también el psicólogo, el parado, la cajera y la cuidadora, se implementarán medidas para el reparto del trabajo, de todos los trabajos – también el de cuidados- reduciendo la ansiedad y depresión de unos y el estrés de otros, estados mentales que tanto debilitan nuestro sistema inmunitario. Se garantizarán una renta mínima y unos servicios de calidad, porque hemos aprendido que la pobreza y la desigualdad son la mayor enfermedad que corroe y perjudica al conjunto social, porque este virus solo entiende de seres humanos en los que hospedarse y no distingue de poder adquisitivo, raza, ideología ni religión.
Después de esta introducción, toma la palabra el niño de 9 años, que entra al detalle de las medidas que sus congéneres han propuesto, destinadas a potenciar la salud durante la infancia…”
Se trata solo de un ejercicio de imaginación y creatividad que pretende servir de inspiración. Lo que seguro es cierto es que construir el mundo que dibuja este relato utópico no vendrá del estado de iluminación divina de quienes gobiernan. Habremos de estar lúcidos desde abajo, frente al miedo y la sobreinformación, como propone la novela de Saramago, y presionar entre todas y todos para mejorar la salud de nuestro organismo social. Porque la medicina moderna, con todas sus bondades, es también la historia del disciplinamiento de los cuerpos, y el diseño de la sociedad que queremos no podemos dejarlo únicamente en manos de médicos especialistas en un único campo y mucho menos de militares, de la industria farmacéutica y el perverso mecanismo de las patentes privadas, del oligopolio de las telecomunicaciones, los algoritmos, la inteligencia artificial y la tecnocracia. No va a venir de un sistema que antepone el beneficio económico a la justicia e igualdad entre los seres humanos. Seremos nosotras las que debamos empezar a imaginar y a construir un cuerpo social más saludable.
Noelia Sánchez Suárez Abril, 2020.

Noelia Sánchez Suárez
Socióloga, profesora de la ULPGC y presidenta de la Federación Ecologista Canaria Ben Magec-Ecologistas en Acción. Activista, compañera y amiga.